jueves, 28 de septiembre de 2017

Carley Allison




Carley Allison antes patinaba y ahora canta. No es el cambio más espectacular que ha experimentado en los últimos meses esta canadiense de 17 años. Hace poco, ese problema respiratorio que siempre había tenido y que sus padres habían achacado a un ligero caso de asma, se reveló como algo mucho más grave: una forma extremadamente rara de cáncer que le estaba creciendo en la garganta.

Fue entonces cuando Carley Allison se sometió a una traqueotomía que le dejaría para siempre un agujero en la garganta. Pese a esta dificultad y contra todos los pronósticos, resultó tener la garganta intacta, Esto le permitió volcarse a la música que, según la protagonista, le salvó la vida..

Lo de patinar fue precisamente lo que llamó la atención sobre el hecho de que esta oriunda de Toronto no andaba especialmente bien de salud. Llevaba entrenando seis días por semana los últimos cinco años; su intención era ser patinadora artística profesional y para ello se dejaba entrenar por su madre, May Allison, que había sido atleta olímpica en los años 90.

Pero tenía un problema respiratorio difícil de explicarse en una chica de su edad que hace tanto deporte: "Se quedaba sin aliento con subir unas escaleras", recuerda Amy. Los médicos supusieron que sería asma y bajo ese diagnóstico vivió Carley todo un año. No fue hasta febrero, cuando se le hizo una resonancia magnética, que se supo que aquello era otra cosa. Era algo tan poco habitual como un melanoma maligno. Y el tumor que se alojaba en la garganta de la chica era ya del tamaño de una pelota de golf.

La operación a la que se sometió de emergencia impidió, lógicamente, que siguiera con su entrenamiento. Pero sí había algo a lo que podía aferrarse: abrió un canal de YouTube al que subía vídeos de sí misma en los que entonaba canciones populares. Es una costumbre cada vez más popular y que más de un gran artista ha dado a la industria discográfica en los últimos años. "No me costó nada enfocar mi vida a la música", explicó Amy en su blog.

"Llevo recibiendo lecciones de guitarra desde los 11 años y he cantado desde siempre". Pero pocos pueden lo que Carley: su vídeo más famoso no era por una interpretación particularmente sorprendente sino por una en la que se enfrentaba al piano por primera vez con el agujero en la garganta que había resultado de la traqueotomía. Sorprendentemente, su voz es perfectamente cristalina.

Como fue su éxito

Hace unas semanas, la estrella del pop Selena Gomez tuiteó sus deseos de que Carley mejorara, lo cual le generó una cantidad de tráfico a sus vídeos y, al fin y al cabo, era lo que le deseaban sus miles de seguidores (se cuentan unos 50.000) en la sección de comentarios.

Según May, no podía haber mejor manera de que esta adolescente injustamente asolada por el cáncer asumiera que tiene un agujero en la tráquea para siempre y que va a pasar una temporada sin pelo mientras se enfrenta a la quimioterapia. "Es terapéutico para ella", explica. "Es una buena alternativa a estar lamentándose en casa".

Su éxito la ha motivado para desear una carrera musical. Si la enfermedad se lo deja. "Hay una pequeña posibilidad de que el tumor me dañe los nervios de las cuerdas vocales", explica Carley. "Pero prefiero no pensar en ello". El tumor sigue ahí, en su garganta, mientras ella respira por el agujero de la tráquea. Le queda todavía una batalla con la quimioterapia y solo la esperanza de que todo salga bien.




domingo, 24 de septiembre de 2017

Dashrath Manjhi



Dashrath Manjhi trabajó durante 22 años usando martillo, cincel y palancas para construir un camino a través de una montaña.

No es la primera vez que hablamos aquí de gente que realiza gestas asombrosas, personas cuya bondad va más allá de los límites de nuestra imaginación. Hemos conocido indigentes que nos han dado lecciones de solidaridad y héroes que salvaron miles de vidas durante los años delterror nazi. 

Incluso hemos aprendido cómo un sólo hombre puede plantar una selva. Pero quizá el relato de hoy supere con creces todas esas hazañas, sin ánimo de desmerecerlas. Porque la historia de Dashrath Manjhi es absolutamente increíble, digna de todos los honores. Es la historia de un hombre cuya fe movió una montaña... literalmente.

Hemos tenido la fortuna de conocer a Dashrath leyendo el blog «The Better India». Para compartir su milagro con vosotros tenemos que viajar a un diminuto y humilde poblado llamado Gehlaur, próximo a la ciudad de Gaya, en el norte de India; y retrotraernos a 1960. 

En aquella época, los habitantes de Gehlaur vivían completamente aislados: una montaña rocosa se alzaba entre ellos y Wazirganj, donde estaban las escuelas, los hospitales y el empleo de la inmensa mayoría de los habitantes de la comunidad. Dasrath Manjhi no era una excepción. Trabajaba al otro lado de la montaña y Phaguni, su esposa, le acercaba comida y bebida a diario.

Pero un día de 1960, Phaguni se presentó ante su marido con las manos vacías y los ojos bañados en lágrimas. Recorriendo el escarpado camino había sufrido una caída, perdiendo los víveres e hiriéndose levemente. 

No era la primera vez que alguien tenía un accidente, incluso mortal, recorriendo aquella senda tan larga como peligrosa que rodeaba la imponente elevación de piedra. Viendo a su desconsolada esposa, Dashrath dijo basta. Si nadie tomaba cartas en el asunto, él mismo lo haría. 

Vendió unas cabras que eran su posesión más valiosa y con el dinero compró un martillo, un cincel y varias palancas. Con esas modestas armas se propuso desafiar a la montaña.

Manteniendo su puesto de trabajo, robando horas al sueño, comenzó a picar y picar. Algún tiempo después de comenzar su tarea, su mujer Phaguni enfermó y no logró sobrevivir, pues el doctor más cercano estaba a 75 kilómetros a pie. 

Fue un mazazo terrible para nuestro protagonista, pero el dolor no hizo más que alimentar su obstinación. Percatándose de la grandeza de la misión que había emprendido, los vecinos de Gehlaur empezaron a ofrecer alimentos a Dashrath, que pudo dejar su anterior empleo para dedicar toda su energía a batirse día y noche con la montaña.

Y así fue como en 1982, nada menos que 22 años después, Dasrath Manjhi ganó la batalla. Con sus manos, un martillo, un cincel y algunas palancas había conseguido crear un camino de 100 metros de largo y 10 de ancho, que aún hoy permite a los habitantes de más de medio centenar de pequeños pueblos de la zona de Atri llegar al hospital o la escuela recorriendo cinco kilómetros. 

Este héroe semianónimo murió en 2007, víctima del cáncer. Pero sin lugar a dudas, merece que evoques su memoria antes de dar nada por perdido, antes de usar la palabra «imposible».





jueves, 21 de septiembre de 2017

Anchorena y Kavanagh



DOS VERSIONES DE UNA HISTORIA DE AMOR ARGENTINO

Dicen que en nombre del amor se han hecho enormes proezas en el mundo, se han perdido grandes fortunas, se han sacrificado a la miseria y se han apagado muchas vidas. Esta tal vez sea una de las historias que, más allá de ser o no un mito, sirve como ejemplo de lo que encienden en los seres humanos las pasiones erradas.

Esta historia demuestra el enfrentamiento de dos familias, una perteneciente a los sectores patricios de Bueno Aires y otra una familia burguesa, en otras palabras los Anchorena y los Kavanagh. Como producto de este enfrentamiento, se construyó en 1935, el edificio Kavanagh, uno de los más famosos de la ciudad de Buenos Aires admirado por todo el mundo, por su arquitectura y sus detalles lujosos.

Ahora bien, veamos detenidamente un poco de la historia familiar de esta familia patricia que no era tan patricia a comienzos del siglo XIX. El primer Anchorena llegó a estas tierras, en 1750, tenía como único capital su talento, su férrea voluntad, su ingenio y su sudor. Se llamaba Juan Esteban Anchorena. De este modo, mediante sus negocios mercantiles ganó mucho dinero. Esta pequeña fortuna le permitió acceder a la mano de una hermosa mujer de orígenes nobiliarios, perteneciente a la elite rioplatense, que atravesaba dificultades económicas.


De esta manera, se unió alcurnia y dinero salvaguardando a las dos familias, una práctica común en ese momento histórico. La dama se llamaba Romana López de Anaya y Gárniz de las Cuevas. Incluso, al introducirse dentro de las redes de las familias notables de Buenos Aires, le permitió acrecentar sus contactos y consiguientemente, extender sus negocios. Esteban se convirtió en un gran empresario, unido a una nueva condición social. Dos años antes de la Revolución de Mayo, Esteban fallece, dejando una fortuna muy grande a sus descendientes.

Ellos seguirían multiplicándola y, después de la Independencia los que lucían el apellido eran los dueños de una enorme cantidad de tierras, ya que se habían volcado hábilmente a la inversión rural. Ahora bien, en 1912, Mercedes Castellanos de Anchorena, hace construir sobre calle San Martín al 1000, la basílica del Santísimo Sacramento. De más está decir, que Mercedes era fervientemente católica y poseía mucho dinero. La basílica tardo cuatro años en construirse. El altar se hizo de oro y plata en su mayor parte, en especial la custodia. En esta construcción abunda el mármol italiano, mosaicos venecianos, bronce, vitrales finísimos, granito y roble. Mercedes quería construir una “casa del señor” y además utilizarlo como lugar para que reposaran los restos de la familia desde ese momento. La familia Anchorena vivía en Palacio San Martín, un edificio fastuoso que desde 1936, comenzó a funcionar como el edificio de la Cancillería.

Esta historia de enfrentamiento entre familias quizás sea sólo un mito que circula por algunos espacios… se dice que en los años 30, Corina Kavanagh, tenía un romance con un hijo de Mercedes, romance que no aprobaba porque Corina provenía de una familia adinerada pero sin orígenes patricios. La paradoja reside en que el apellido Anchorena tampoco era aristócrata, sino que supo casarse con una familia que sí lo era en el siglo XVIII. Más de un siglo después todo se revierte y para mal.

La oposición rotunda de Doña Mercedes produjo que los jóvenes se separan. Satisfecha, puso sus energías en un proyecto que era su sueño más dorado: comprar la casona y edificar allí un gran templo, que funcionara como una extensión de su propio palacio. Sin embargo, aunque el terreno estaba en venta, Mercedes no pudo lograr su propósito, ya que Corina, enterada del sueño de su “suegra”, compró el lote y contrato a los mejores arquitectos para que construyeran un edificio de hormigón armado de 120 metros de altura, evitando que la Basílica pueda ser vista de frente, desde cualquier punto, pero especialmente desde un palacete del otro lado de la plaza San Martín.

De esta forma se construyó el edificio Kavanagh, uno de los más famosos de Buenos Aires. Está ubicado en Retiro, uniendo con un pasaje las calles Florida y San Martín, frente a la plaza del mismo nombre. Fue construido en sólo catorce meses, entre 1934 y 1936, y aquello fue un acontecimiento ya que, por entonces, con sus 120 metros era el edificio más alto de Latinoamérica, la construcción de hormigón armado más alta del mundo y el primero del planeta en ser poseedor de aire acondicionado central en todos los departamentos. Corina se reservó el piso 14 que ocupa toda una planta. El estudio de arquitectos Sánchez, Lagos y De la Torre basó sus cimientos en 2.400 metros cuadrados para construir sobre ellos ese edificio de 32 pisos que tiene una superficie construida de 29.000. Los 107 departamentos son espaciosos y, una curiosidad, no hay dos iguales.

Algunos desestiman esta historia, ya que Mercedes Anchorena murió en 1920, pero como se expresó al comienzo del apartado puede ser un mito. No obstante, más allá de la veracidad de esta historia, lo cierto es que el único lugar desde donde es posible ver de frente la maravillosa basílica del Santísimo, es la entrada por la calle San Martín al pasaje que une al edificio con el hotel Plaza. Este pequeño pasaje se llama Corina Kavanagh, ¿una asombrosa coincidencia?

domingo, 17 de septiembre de 2017

Carrie Deklyen



Fue la decisión más difícil de su vida. Carrie DeKlyen, de 37 años, tenía dos opciones: intentar prolongar su propia vida con quimioterapia, lo que significaba poner fin a su embarazo, o mantener con vida al bebé, pero ella no viviría lo suficiente como para verle nacer.

Una mujer de Wyoming que padecía glioblastoma, una forma agresiva de cáncer cerebral, ha fallecido tras rechazar someterse a quimioterapia para no interrumpir su embarazo.

Carrie DeKlyen, de 37 años, comenzó con unos fuertes dolores de cabeza. Al principio pensó que eran migrañas pero al acudir al médico la diagnosticaron glioblastoma. Si tenía suerte, podría vivir cinco años más.

Su marido, Nick DeKlyen, cuenta en una entrevista recogida por The Washington Post que su mujer se sometió a una operación en la que le extrajeron el tumor, pero volvió a aparecer a los pocos meses. Para entonces Carrie estaba embarazada de ocho semanas.

Tenían dos opciones: intentar prolongar la vida de Carrie a través de la quimioterapia, lo que significaba poner fin a su embarazo. O podría mantener con vida al bebé, pero Carrie no viviría lo suficiente como para verle nacer. Nick DeKlyen asegura que fue una decisión muy difícil, a Carrie le quedaban unos meses de vida y el bebé tenía derecho a vivir.

Los médicos le dijeron que todo lo que podían hacer era seguir sacando el líquido acumulado en el cerebro de Carrie para aliviar el dolor. La última vez que ella estuvo consciente fue cuando ingresó en el hospital de la Universidad de Michigan. "Me dijeron que sufrió un derrame cerebral masivo", cuenta el marido.

Carrie estaba embarazada de 19 semanas para entonces y fue cuando Nick pidió a los médicos que hicieran lo que pudieran para mantener al bebé con vida. Probablemente ella no volvería a despertar y si lo hacía, no reconocería a su familia ya que había sufrido daños cerebrales significativos por el accidente cerebrovascular.

Durante las próximas semanas, un tubo de alimentación y una máquina respiratoria mantuvieron con viva a la madre y al feto. A la semana 24 de embarazo, el bebé dejó de moverse. Fue cuando Nick tuvo que tomar la decisión: autorizó una cesárea.

"Fue un poco agridulce porque mi esposa no está despierta, iba a fallecer", lamenta. Carrie vivió brevemente tras dar a luz, Nick se sentó a su lado, la agarró de la mano y la beso, diciéndola: "Te amo y te veré en el cielo".



lunes, 11 de septiembre de 2017

Bernardino Rivadavia y Juana del Pino



El 29 de mayo de 1780 nació Bernardino Rivadavia. Comenzó sus estudios en el Colegio San José de San Carlos en 1798, donde estudió Gramática, Filosofía y Teología. Hacia 1806 aproximadamente, bajo el contexto de las invasiones inglesas, Rivadavia se incorpora a las milicias, bajo el grado de Capitán en el cuerpo de “gallegos”.

El 14 de agosto de 1809, Rivadavia contrae matrimonio con una joven distinguida de la elite porteña: Juana del Pino y Balbastro. Juana era hija de Joaquín del Pino, octavo virrey del Río de la Plata. Ahora bien, ¿cómo comenzó este romance entre estos dos personajes?

A los quince años Juana se trasladó con su familia desde Montevideo a Buenos Aires, porque su padre había sido designado Virrey del Río de la Plata en el año 1801. Juana conoció a Bernardino en una de las ceremonias que organizaba su padre, anualmente Joaquín del Pino recibía a los doce mejores alumnos del Real Colegio de San Carlos. Allí, los alumnos daban sus respetos al virrey y compartían la tertulia con su familia, entre ellos estaba Bernardino. Así, fue que Juana con 17 años y Rivadavia con 23 se conocieron.

De por sí Rivadavia no tenía un carácter alegre, por el contrario, era retraído, algunos lo definían como eternamente triste. Quizás esta personalidad apática se debía a su historia personal atravesada por las tragedias: su hermana mayor, Tomasa, había quedado ciega; su madre, doña Josefa había muerto cuando él tenía solo seis años; su padre, don Benito, se había casado nuevamente a poco de quedar viudo.

De esta forma, todas estas experiencias habían creado a un joven entristecido y de carácter amargo. Incluso, su aspecto físico tampoco lo beneficiaba, era regordete, petiso y para algunos “decididamente feo”, de tal manera que estas características físicas fueron el blanco perfecto para sus enemigos quienes lo apodaron como “El mulato”. Sin embargo, más allá de estas cuestiones poseía una “respetable cultura” para la época. Quizás, fue este capital cultural lo que conquisto a Juanita del Pino. Quizás también esta historia demuestra que el amor es “ciego” y algunas veces también “tonto”.

Estos jóvenes mantuvieron un romance aburrido y reglamentario durante seis años. Antes de casarse, Joaquín del Pino fallece. Un año después, la joven pareja se unía en matrimonio. Muy pronto, nació su primer hijo, Benito. Luego, nacería Constanza, en 1812 y Bernardino Donato en 1814. Al poco tiempo, Rivadavia viaja a Londres para gestionar negocios del Estado. De esta forma, Juana del Pino se queda sola, muy enamorada, comienza a sentirse abandonada por su reciente esposo. A través de las cartas que le enviaba a Bernardino da cuenta del temor que tenia ante la situación tensa de la política internacional. Su esposo hace caso omiso: comunicándole que viajará de Londres a Francia.

Ante el desprecio de su esposo, Juana llora a escondidas. Pero su tristeza no acabará en este hecho, en 1816 muere su madre y su hija Constanza de cuatro años, mientras que Rivadavia se entretiene con negociaciones diplomáticas en el viejo mundo, sabiendo la terrible noticia. Ni siquiera la declaración de la Independencia hace que vuelva. Abandonada, intenta reunirse con su esposo pidiendo al director Juan Martín de Pueyrredón, viajar a Europa con sus hijos. No obstante, este pedido es desestimado por falta de fondos. Incluso, el gobierno central le recorta la pensión que recibía como esposa de funcionario trabajando en el exterior.

En vano fueron todos los reclamos a su esposo, al cual llamaba “hijito”, en una carta de 1819, le recuerda la situación de otros matrimonios que se han disuelto precisamente por estar tanto tiempo sin verse y le ruega que no ocurra lo mismo con ellos, ya que sigue muy enamorada. La batalla entre Juana y la política por la atención de Rivadavia, quizás terminó cuando éste se retiro oficialmente de la vida pública. Pero no es así, en 1829 viaja a Francia dejando a su familia en Buenos Aires, esto demuestra que este desprecio iba más allá. En su estadía por París, retoma su oficio de traductor: “La Democracia en América” de Tocqueville; “Los viajes” y “El arte de criar gusanos de seda” de Dándolo. En 1834, retorna a Buenos Aires, pero no puede desembarcar por una prohibición del gobierno de Viamonte, Juana y su hijo Martin que lo estaban esperando en el puerto, deciden subir al barco, sumándose al exilio de Bernardino. Sus hijos mayores, Benito y Bernardino, tienen otros planes: se han sumado a la causa federal y están luchando para que Juan Manuel de Rosas asuma definitivamente el poder.

Parte de la familia exiliada, se instalan en Colonia y luego pasan a Brasil, allí, debido a un accidente doméstico, Juana del Pino muere en diciembre de 1841. Ante este hecho, su hijo Martín, decide volver con sus hermanos y Rivadavia en 1842 parte hacia Cádiz. Esta relación tortuosa que mantuvo Bernardino con su esposa y sus hijos, quizás se deba a que nunca tuvo una familia, su historia personal cruzada por la muerte y el abandono de su padre es prueba de ello.